¿Usar el celular antes de dormir afecta la calidad del sueño?
La luz azul, el trabajo prolongado de cerca y los hábitos digitales están modificando los ritmos biológicos y favoreciendo el aumento de la miopía.
Hoy en día, el uso del celular por varias horas continuas, especialmente en la noche, está asociado a dificultades para dormir y cambios en la visión. La combinación de luz azul, ambientes oscuros y jornadas prolongadas frente a la pantalla altera procesos esenciales del cuerpo, según explica la optómetra Viviana Barón, egresada de la Universidad de La Salle y con formación en la Universidad de Montreal y el Colegio Mayor de Cundinamarca.
“Todas las pantallas emiten luz azul y, cuando se usan en la noche, esa luz modifica el ritmo circadiano”, afirma Barón. Esta exposición inhibe la producción de melatonina, la hormona que induce el sueño, mientras eleva los niveles de cortisol, vinculado al estrés. Cuando la melatonina no logra producirse adecuadamente, conciliar el sueño se vuelve más difícil, razón por la que algunas personas recurren a suplementos. La experta recomienda dejar el teléfono a un lado al menos una hora antes de acostarse para permitir que el organismo restablezca su ciclo natural.
Más allá del sueño, el uso prolongado del celular también impacta la visión. El ojo permanece ajustado para ver de cerca, y al intentar enfocar de lejos puede aparecer el conocido borroso transitorio, una sensación momentánea de desenfoque. Este esfuerzo acomodativo, advierte Barón, está asociado al creciente aumento de la miopía en niños y adolescentes. “Antes jugaban al aire libre y la exposición al sol favorecía el desarrollo visual. Hoy pasan más horas en espacios cerrados frente a una pantalla”, señala.
Para disminuir la fatiga visual, la optómetra recomienda aplicar la regla 20-20-20: cada 20 minutos de trabajo cercano, hacer una pausa de 20 segundos mirando un punto a seis metros. Este descanso ayuda a relajar el sistema visual después de largos periodos enfocados en distancias cortas.
En la noche, Barón aconseja actividades que no requieran luz artificial ni pantallas, como la lectura en papel, que facilita la transición hacia el sueño sin interferir en los ritmos biológicos.
Muchos síntomas que alarman a los usuarios —como el desenfoque temporal tras horas frente al celular— son señales naturales de fatiga ocular. Para Barón, entender estas advertencias fisiológicas es fundamental para repensar los hábitos digitales y evitar que la visión termine adaptándose a un entorno para el que no fue diseñada.




