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Toreando lo intoreable

Los recuerdos permanecerán grabados en nuestra memoria. ¿Cómo olvidar aquel Toro Negro que saltó la corraleja, cuando los manteros se lanzaron a la faena sin importar si venía de Tolemaida, de Arturo Cumplido o de cualquier otro ganadero?

¿Qué pasó con el Toro Balay, rápido como un rayo, cuyo propietario decidió embalsamar en homenaje a su bravura? Lo que no pudo acabar una tragedia lo terminó un adiós a las fiestas del veinte de enero, cuando las corralejas dejaron de existir.

No volveremos a ver a un Alejandro García Martelo, con la garrocha en mano y montado en su caballo El Troyano, conjugando en una sola figura el corcel, el toro y el jinete, en esas faenas que tanto gustaban a los aficionados en los palcos y a los espontáneos dentro del ruedo.

Quedarán en el recuerdo toros legendarios como El Candela, Arrancateta, Siete Cajas, Yacabó, Piedralipe y El Mocho. Muchas de esas historias se hicieron inmortales gracias a la música, especialmente al porro:

«Hoy hay fiesta en la sabana. Un porro sueña en la plaza. Y se ve en la corraleja. Un toro bravo que salta. Ay, San Juan de mis amores…».

En buena hora, al doctor Héctor José Stave Serrano se le apareció la musa para escribir Recuerdos de Corraleja, una obra que quedará como testimonio de lo que fueron estas fiestas para las futuras generaciones.

Ahora, nos vemos obligados a reemplazar las fiestas patronales por eventos del modernismo: festejar matrimonios en el “Club Los Veintiocho” entre Juan y Manuel, o entre Julia y Josefina; o asistir al “revivir” de la señorita Juliana, hija de Don Pantaleón, que decidió interrumpir su embarazo sin saber quién era el verdadero padre. Nuevas costumbres reemplazan lo que fue tradición.

Lástima que mis amigos Ricaurte Contreras Caro, el doctor Jorge Romero Romero y muchos otros —entre los que me incluyo— no podremos asistir. Nos dirán arcaicos, pero sabemos que el ser humano cumple su ciclo.

Posdata: Me imagino que el gobierno ya tendrá creadas las alternativas para reemplazar toda la parafernalia que acompañaba estas tradiciones y que eran el sustento de muchas familias: dueños y constructores de palcos, bandas de música, vendedores de alimentos y bebidas, trabajadores de finca, criadores… hasta el mototaxista que esperaba las fiestas patronales para ganarse unos buenos pesos y, de paso, darle un capotazo al desempleo.

Antonio Barrios Ortega

Redacción SanJuandemisAmores.CO

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