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Hay Festival, la escuela y “El infinito en un junco”

No tengo la menor duda, de que quien hoy está a cargo de la educación en el Distrito, tenga claro la trascendencia y la magnitud que tiene y debe tener para la escuela, un evento como Hay Festival, que se celebra año tras año en nuestra ciudad y que tiene una connotación especial, dada la universalidad de su temática y la calidad intelectual de los expositores, que a él concurren.

Es cierto, que en dos o tres versiones del Festival, se ha llevado muy tenuemente a uno que otro escritor a una escuela o colegio, pero lejos está y ha estado, que se haya diseñado una estrategia o una política, que relacione o vincule estrechamente al Festival con la educación, en la idea, que  lo que se dice, se hace y se discute, en esa importante cita con la literatura, la política y la cultura, entre y permee la escuela, posibilitando que sus memorias constituyan un poderoso insumo de sus currículos y proyectos, que fertilicen sus procesos académicos, desde el pensar y el ser, transversalizado todo, por la lectura y el pensamiento crítico.

Traigo esto a colación, impulsado por el impacto que me causó, el análisis y la valoración que hizo el escritor y periodista Gustavo Tatis, en el dominical del periódico El Universal el pasado domingo 30 de enero de la obra » El infinito en un junco», quien, con su legítima y bien ganada autoridad, califica el libro de la escritora española, como una producción literaria de tierna y sabia erudición, necesaria e inspiradora.

Confieso, que yo supe del libro de Irene, a mediados del año 2021, cuando en medio de la crueldad más feroz de la pandemia que nos azota, estuve confinado y golpeado por la más profunda crisis emocional que haya vivido, y fue allí, en ese momento, cuando inmerso en lo que Edgar Morín denominó Festival de Incertidumbres, encontré en las redes, un artículo de Rodrigo Paris, quien coincide con Tatis o Tatis con él, al calificar el libro de Vallejo, como una de las obras literarias más bellas que haya leído, en tanto reivindica, el valor del libro, cuando nos dice: »Inventados hace 5000 años, los libros de los que estamos hablando, en realidad los antepasados de los libros y de las tabletas, eran tablillas de arcillas”.

El Infinito en  un junco, más allá de ser un ensayo de 400 páginas sobre la invención de los libros, descrito de una manera poética por Tatis y París, dada su dulce prosa, es también, y me atrevo a decir que es lo más importante, un enorme aporte académico, traslucido en  el reluciente brillo de su erudición y la defensa férrea de la vida editorial libraría, esta última muy maltratada por cierto, por el envilecimiento a ultranzas de la virtualidad que nos ha traído el ruidoso y  vertiginoso desarrollo de las nuevas tecnologías.

El aroma delicioso, que a juicio de los tratadistas, nos trae el libro de la escritora española, ha hecho posible, que »No sea casual que en estos tiempos de reclusión y clausura, volvamos al placer de la lectura», sobre todo en un país como el nuestro, donde históricamente ha habido y hay, un déficit lector de dimensiones incalculables, al punto, que a juicio del Doctor Julián De Zubiría, Director de la Fundación Alberto Meraní, consultor de la Unesco e investigador educativo, “Menos del 1% de los estudiantes que han pasado 10 años en la escuela, leen de manera crítica,” con las consiguientes consecuencias que de ello se deriva para la educación, ubicándonos, como uno de los países con más bajo nivel de calidad en el continente y el mundo.

En ese contexto de la situación de la educación, es urgente y necesario, que eventos como Hay Festival, se traduzcan en una gran oportunidad para que la escuela en Cartagena y Colombia, salgan del ostracismo y el oscurantismo en que se encuentran, que coadyuven a que se vislumbre una luz al final del túnel, por lo que es pertinente e imperativo, que el Ministerio de Educación Nacional y la Secretaria de Educación Distrital establezcan una alianza estratégica con la organización de tan magno evento para que la lectura y particularmente “Los libros sean luz y compañía y tengan la frecuencia de un alimento y la confianza de una amistad” ( William Ospina).

Luis Alfonso Ramírez Castellón

Rector de la Institución Educativa Soledad Acosta de Samper.

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