La sanjuanera que dio cuerpo y rostro a la India Catalina
Judith del Carmen Arrieta Arrieta, nacida en San Juan Nepomuceno, se convirtió en musa de la escultura más emblemática de Cartagena, llevando consigo la memoria de los Montes de María hasta el corazón del Caribe.
La imagen de la India Catalina, símbolo de Cartagena y emblema del Festival Internacional de Cine (FICCI), guarda una historia que se remonta a los Montes de María. Fue el cuerpo y el rostro de Judith del Carmen Arrieta Arrieta, una muchacha sanjuanera, los que inspiraron al escultor español Eladio Gil Zambrana en 1974 para levantar la estatua monumental que hoy se erige en la ciudad amurallada.
Judith llegó a Cartagena con apenas 12 años, buscando empleo en el servicio doméstico. Hija de campesinos dedicados al cultivo de yuca, ñame y plátano, creció en un hogar humilde, siendo la segunda de siete hermanos. Su vida parecía destinada al anonimato, pero en la casa de la familia Gil encontró un lugar que cambiaría su destino. Allí la acogieron como ahijada, y su presencia cotidiana en aquel hogar despertó la mirada del artista.
Cuando Eladio Gil se propuso esculpir una India Catalina monumental, pensó primero en modelos de la Escuela de Bellas Artes. Sin embargo, fue su esposa Fini Piñero quien sugirió que la adolescente que vivía con ellos podía ser la figura ideal. Durante tres meses, Judith posó en el patio de la casa de Manga, envuelta por cortinas improvisadas que servían de taller. En arcilla y yeso, su cuerpo adolescente se transformó en la silueta que daría forma a la escultura de bronce.
La elección no estuvo exenta de controversia. Años antes, el escultor Héctor Lombana había creado la estatuilla que se entrega en el Festival de Cine de Cartagena. Lombana defendía que aquella era la verdadera India Catalina y acusó a Gil de haberle “robado” su creación. El pleito entre ambos artistas se prolongó hasta el final de sus vidas. Lo cierto es que la figura monumental que hoy todos reconocen partió de Judith Arrieta, una muchacha campesina convertida en símbolo urbano.

Más allá de la disputa artística, la vida de Judith siguió un camino propio. En Cartagena fue alfabetizada por el maestro Émery Barrios Badel, culminó el bachillerato, aprendió inglés y trabajó como modelo en la Escuela de Bellas Artes. El acceso a la educación fue posible gracias al respaldo de la familia Gil, que no solo la integró a su hogar, sino que también abrió para ella un mundo nuevo.
En 1982 conoció a Carlos Arcila Arango, un antioqueño de Jericó con quien contrajo matrimonio. De esa unión nacieron dos hijos, Carlos José y Marcio. Aunque su vida tomó rumbos discretos, la huella de su juventud quedó inmortalizada para siempre en el bronce de la India Catalina.
Esa paradoja —una mujer de raíces campesinas convertida en el rostro del mito histórico más reconocido de Cartagena— es la que hace de Judith del Carmen Arrieta un personaje cultural fascinante. Su historia conecta a San Juan Nepomuceno con la ciudad amurallada, uniendo la memoria montuna con el relato colonial que por siglos ha acompañado la figura de la India Catalina.
Hoy, cada vez que los visitantes se detienen ante el monumento de cuatro metros que se levanta en Cartagena, pocos saben que detrás de ese ícono está la vida de una muchacha de los Montes de María, que sin proponérselo se convirtió en musa de un país entero.
Con información de Gustavo Tatis, publicado en El Universal.




