El 28 de octubre de 1972, Colombia dejó de ser un país de casi y empezó a creer en los imposibles. Esa noche, en el Gimnasio Nueva Panamá, ante 15.000 almas expectantes, Antonio Cervantes Reyes, el muchacho moreno de sonrisa tímida y puños de trueno, derribó en el décimo asalto al panameño Alfonso “Peppermint” Frazer. Nacía así el primer campeón mundial de boxeo de Colombia.
Hasta entonces, el boxeo colombiano había sido un camino de frustraciones. Seis compatriotas lo habían intentado sin éxito: Bernardo Caraballo, Mario Rossito, Enrique Higgins, Antonio “Mochila” Herrera… incluso el propio Pambelé, que un año antes había perdido su primera oportunidad ante el argentino Nicolino Loche. Pero esa noche, la historia cambió.
“¡Lo tumbó, lo tumbó!”, gritó Napoleón Perea Castro desde los micrófonos de Caracol Radio, y el país entero se estremeció. En los barrios, en los pueblos, en las veredas, la voz de Pambelé se alzó como símbolo de una nueva identidad: la del colombiano que no se rinde, que puede ser campeón del mundo.
Años después, el propio Pambelé resumiría su hazaña con la arrogancia natural de los grandes: “Yo levanté a trompadas a Peppermint, no me vio una. He sido el más grande del deporte colombiano. El fútbol no ha dado campeones mundiales, yo sí hice historia”.
Nacido en San Basilio de Palenque el 23 de diciembre de 1945, Pambelé creció entre el tambor y la necesidad. Fue lustrabotas, vendedor de pescado y cigarrillos en las calles de Cartagena. A los 19 años se calzó los guantes y, tras no encontrar apoyo en su país, viajó a Venezuela, donde el entrenador Melquíades “Tabaquito” Sáenz lo convirtió en un boxeador disciplinado y letal.
Su reinado fue de leyenda: defendió el título mundial 10 veces, lo perdió en 1976 ante Wilfredo Benítez, lo recuperó un año después frente al argentino Carlos María Jiménez y lo sostuvo seis defensas más hasta 1980, cuando cayó ante Aaron Pryor. En total, 21 combates de título mundial, 91 victorias y casi nueve años como monarca, una marca que aún hoy asombra al mundo del boxeo.
En 1998, el Salón Internacional de la Fama del Boxeo lo consagró entre los inmortales. Pero más allá de los cinturones y los aplausos, su mayor triunfo fue otro: enseñarle a Colombia que los sueños también se ganan a golpes de fe.
Hoy, a sus 79 años, Antonio Cervantes “Kid Pambelé” vive tranquilo en su finca en Turbaco, rodeado de familia, recuerdos y silencios. A veces sonríe al recordar aquella noche en que el país entero se puso de pie por él.
Porque ese 28 de octubre de 1972, Colombia despertó del miedo y aprendió a pronunciar una palabra nueva: campeón.
¡Prohibido olvidar a Pambelé!




